16/4/10

COMPROMISO CON LA SALUD


En estos tiempos en que a los católicos nos resulta cada vez más difícil contrarrestar la campaña en contra que se ha desatado en el mundo, no está de más conocer algunos datos.
El Pontifico Consejo para la Pastoral de la Salud (PCPS), es un discaterio que, al cumplir el 25º aniversario de su fundación, ha dado a conocer que la Iglesia Católica administra y sirve el 26 por ciento de los centros hospitalarios y de ayuda sanitaria que existen en todo el mundo.
La Iglesia tiene 117 mil centros de salud, incluyendo hospitales, clínicas y casas de alojamiento para huérfanos; 18 mil dispensarios y 512 centros para la atención de personas con lepra.
El PCPS tiene una revista y decenas de publicaciones
Su compromiso es promover la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, dándole también sentido al dolor y al sufrimiento. Se propone iluminar el inicio de la vida y su continuación para que tenga sentido cuando parece que no lo tiene.

4/4/10

¡¡DIOS NO HA MUERTO!!


SECUENCIA DE PASCUA

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Victima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua. »

Primicia de los muertos,
Sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

20/3/10

SEMINARIO CATEQUÍSTICO SAN PABLO.

PARROQUIA Ntra. Sra. de la Merced.

25 de mayo 1250 y Avda. Real. MERLO.

Diócesis de Merlo - Moreno.

Curso de formación para catequistas

Para seguir creciendo y alimentando nuestra fe, para cuidar y ahondar nuestra vocación y capacitarnos para llevar a otros nuestra experiencia de Cristo en el servicio de la catequesis.

Duración: 2 años.

Día y horario: sábados de 9 a 12 hs.

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Informes e inscripción: Secretaria Parroquial, 25 de Mayo 1225. T.E: 0220- 482-3502.

de lunes a viernes de 17,30 a 19,30 hs

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Pueden presentarse el sábado 3 de abril a las 9,30 hs.

El 10 de abril participaremos Misa de Envío catequístico, 17 HS. Iglesia Catedral

17 de abril: Seminario de 9 a 12 hs.

15/3/10

ENCUENTRO DE FEBRERO

Aunque con un poco de atraso, publicamos las fotos del encuentro del mes de febrero que se realizó el sábado 27 en la parroquia María Madre de Dios

26/2/10

PARA REFLEXIONAR


Hoy vamos a reproducir unas poquitas pero muy importantes palabras escritas por el P. Salvador Navarro Vidaurri de México.
EL VOCABULARIO DE LA MISERICORDIA
El agente de pastoral se convierte en instrumento de misericordia en la medida en que sabe integrar y desarrollar los 4 verbos que sintetizan el vocabulario de la misericordia:

¿Qué puedo HACER por el enfermo?
¿Qué puedo COMUNICAR al enfermo?
¿Qué puedo SER para el enfermo?
¿Qué puedo APRENDER del enfermo?

14/2/10

PEDIDO ESPECIAL DE ORACIÓN

Recemos una oración especial pòr Griselda, nuestra hermana de la parroquia Sagrado Corazón, que hace mucho tiempo participa junto a nosotros como agente de la Pastoral de la Salud.
Debió ser operada de urgencia en el hospital de Rodríguez y ya se encuentra reponiéndose en su casa.
Nuestro deseo es que muy pronto haya olvidado este mal momento que le tocó vivir.

12/2/10

LA IGLESIA Y LOS ENFERMOS


Publicamos la carta que ha escrito monseñor Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos, con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo celebrada el 11 de febrero, conmemoración de la Virgen de Lourdes.


El cristianismo está lleno de paradojas. La mayor de todas es, quizás, que el dolor es fuente de alegría y que la cruz es instrumento de redención. Lo decía el Venerable Juan Pablo II, en una encíclica memorable que escribió sobre el dolor: «El sufrimiento humano ha entrado en una dimensión completamente nueva y en un orden nuevo en la pasión de Cristo», porque «allí ese sufrimiento ha sido unido al amor que crea el bien», y «el bien supremo de la redención del mundo ha sido sacado de la cruz de Cristo» (Salvifici doloris, 18).
Mirado el dolor y la enfermedad desde esa perspectiva, se comprende bien lo que Benedicto XVI haya escrito: «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrió con amor infinito» (Spe salvi, 38).
Con todo, sería un flagrante error no hacer nada para aliviar y combatir el dolor. Al contrario, la lucha contra la enfermedad es para los cristianos un modo concreto de introducirse en el surco de la misión salvífica de Cristo, Médico divino que «pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo»; y tomarse en serio el mensaje que dio a sus apóstoles: «Curad a los enfermos».
La Iglesia asumió con alegría este encargo. De hecho, ya en las primeras comunidades cristianas existió la costumbre de que los presbíteros ungiesen con el óleo santo a los enfermos para aliviarles en su enfermedad. Desde entonces, aunque las formas han sido muy variadas y múltiples las estructuras, la Iglesia no ha cesado de inclinarse, como buena samaritana, sobre los hombres y mujeres que encuentra malheridos en su cuerpo, en su psique y en su corazón, y llevar el bálsamo de su presencia y el aceite de su ayuda. ¡Cuántos hospitales, cuántos dispensarios, cuántos consultorios, cuántas clínicas han surgido como fruto del amor compasivo de los cristianos!
En el momento actual, la enfermedad sigue sin ser vencida. Han sido superadas algunas de sus formas, pero han aparecido otras nuevas, quizás más virulentas. Pienso, por ejemplo, en tantos matrimonios rotos, en tantas familias desestructuradas, en los emigrantes desprotegidos, en los ancianos solos y/o despreciados, en los enfermos incurables, en las madres que sufren el síndrome del postaborto, en tantos padres a los que angustia el enfriamiento y la increencia de sus hijos. Sin contar los que sufren los efectos de la drogadicción, del alcohol, del Sida, de la ludopatía, de las enfermedades venéreas, etcétera.
Para recordarnos todo esto y convocarnos a una acción solidaria y generosa, la Iglesia ha instituido la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el próximo día once de febrero, fiesta de las aparición de la Santísima Virgen en Lourdes. En este año sacerdotal me dirijo en particular a los sacerdotes que estáis enfermos e invito a los que estáis sanos «a no escatimar esfuerzos para prestar a los enfermos asistencia y consuelo», conscientes de que «el tiempo transcurrido al lado de quien se encuentra en la prueba es fecundo en gracia para todas las demás dimensiones de la pastoral» (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada del Enfermo, de este año).
A quienes sufrís en este momento una enfermedad, «os pido -uniéndome al Papa- que recéis y ofrezcáis vuestros sufrimientos por los sacerdotes, para que puedan mantenerse fieles a su vocación y su ministerio sea rico en frutos espirituales».